En mi querido ranchito las noches son de calma absoluta, dónde escuchar un carro pasar después de las 2 de la madrugada y antes de las 5 es una anomalía que despierta a cualquiera. Ahora, durmiendo en la ciudad en una casa que tiene pie a avenida, se siente extraño. El constante flujo de carros es reconfortante, como una especie de mar mecánico que calla toda preocupación presente.
O tal vez es el smog y el plomo llegando a mi cerebro, quién sabe.
En fin, prueben los ruffles de buffalo saben bien sabrosones
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